El trabajo: satisfacción, terapia y reivindicación humana (cuarta parte y última)

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El trabajo: reivindicación humana

El trabajo es una acción meramente humana. A pesar de que otras especies realizan una división de actividades, todas son parte de una acción para sobrevivir. Las hormigas se organizan en diferentes categorías y cada una cumple con una actividad determinada. Las abejas hacen lo mismo. Los leones tienen un macho como cabeza y las leonas hacen el trabajo de cazar. Ejemplos hay muchos; sin embargo el trabajo humano es distinto porque tenemos una variedad de actividades a realizar. Algunas implican el estudio, otras el aprendizaje conforme se hace el trabajo; algunas más se aprenden por cuenta propia o se heredan por cuestiones familiares. El humano puede elegir su trabajo; los animales nacen destinados a realizar uno de por vida.

La elección, la herencia o la imposición del trabajo humano es un proceso que se aprende de acuerdo a las circunstancias que esté dado. Tal proceso influye en nosotros y nos hace parte de una comunidad que nos da identidad, nos determina hasta el punto de tener un lenguaje particular (de ahí surgen los argots). El trabajo también nos une a otros por diversas cuestiones tanto por la realización del mismo trabajo como de la relación de nuestra profesión con otras. Gracias a la actividad que realizamos ingresamos a un grupo social y nos relacionamos con otros similares. Estas relaciones ayudan al desarrollo de la sociedad entera. Hay una interdependencia en los trabajos que cada uno realiza que nos hace saber la igualdad de las personas más allá de la individualidad.

Si reflexionamos un poco, el trabajo nos hace más humanos por la propia condición de interdependencia. Los agricultores dependen de los consumidores; pero también los consumidores, independientemente de su trabajo y posición económica y social, dependen de los agricultores. Un abogado depende de sus clientes. Un tendero de los compradores. El empresario multimillonario depende de quien consuma sus productos o servicios. Así mismo es en nuestra sociedad (o debiera ser). Cada uno debiera saberse dependiente de los demás: único pero con semejantes a nuestro alrededor, de tal manera que antepongamos el respeto para poder tener una mejor sociedad independientemente de nuestro trabajo y nuestra posición social y económica.

El trabajo nos hace humanos, o nos recuerda que somos humanos; sin embargo hemos distorsionado ese fin. Ahora, creemos que hay trabajos con más reconocimiento que otros. Creemos que podemos ser más (que no mejores) que otros: más ricos, más eficientes, más trabajadores; pero debiéramos ser mejores: mejores trabajadores, mejores personas, mejores seres humanos. Nuestra sociedad se va por la cantidad y no por la calidad. A pesar de esto, es momento de recordar el fin original para poder ser una mejor sociedad. Al final, todos somos de la misma especie, con variantes en el color de piel, en la estatura, en la complexión pero iguales. Hoy trabajamos por hacer de nuestro centro de trabajo un mejor lugar para trabajar, una mejor empresa con el cumplimiento de parámetros de calidad pero no vemos por cada uno de nosotros, por la calidad humana.

Habrá que recurrir a la calidad en todos los aspectos, y así, recordar que más allá de ser barrendero o gerente, nuestra condición es la misma y el trabajo es sólo una condición que nos define en cuanto a la actividad que realizamos pero no como personas. Recordar que la habilidad que tenemos para realizar un trabajo y la decisión de realizar uno u otro tipo de trabajo es parte de la evolución que hemos tenido, la cual nos ha hecho ser seres racionales y, como tal, capaces de tener conciencia y consciencia. Usemos esa capacidad, recordemos que somos uno entre millones como nosotros. Tenemos inteligencia, tenemos capacidad, tenemos libre albedrío; pero también somos frágiles y mortales. Trabajemos como humanos; no somos máquinas, no somos esclavos. Somos humanos: complejos, diversos, complicados, simples… mortales.


Referencias (de las cuatro entregas):

-Fromm, E. (2014). El arte de amar. Paidós

-Marinoff, L. (2004). [Plato not Prozac!. Español] ; Más Platón y menos Prozac. Byblos.

- Romero. M. P. (2017). Significado del trabajo desde la psicología del trabajo. Una revisión histórica, psicológica y social.

-Neffa, J. C. (1999). Actividad, trabajo y empleo: algunas reflexiones sobre un tema en debate.

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