El trabajo que elegimos (o que nos toca)
El trabajo es la actividad que realiza una persona que, con ciertas habilidades, logra la realización del mismo. Al realizar el trabajo encomendado, la persona que lo realiza recibe un beneficio que puede ser diverso: dinero, satisfacción, agradecimiento… Cada uno verá el beneficio de acuerdo a sus necesidades. En ocasiones se obtiene más de un beneficio porque aquello que es realizado causa satisfacción y, a la vez, se recibe un pago económico. La combinación de los beneficios puede ser diversa igualmente.
En la actualidad, el trabajo es una actividad que regularmente es vista como el medio para satisfacer nuestra necesidad económica y las que dependen de la misma. A pesar de ello, existen trabajos que no tienen ese tipo de remuneración. El trabajo doméstico es uno de ellos, por ejemplo. Cualquiera que sea el caso, las personas que lo realizan pueden estar o no satisfechas por el beneficio obtenido. Hay quienes trabajan sólo por la obtención del pago pero realizan un trabajo que no les gusta. Otras personas realizan un trabajo que les gusta y que, a la vez, reciben un pago. El dinero obtenido puede ser o no suficiente para satisfacer las necesidades básicas. Por último están las personas que les satisface su trabajo pero no reciben un pago económico por el mismo. La satisfacción de hacerlo es su remuneración.
El trabajo que cada persona realiza tiene una razón por la que es realizado. Muchas veces la labor es realizada porque las personas fueron inducidas a ello; otras, porque fue el trabajo que, por diversas razones, aprendieron a realizar; en otros casos el trabajo tiene que ver con la formación académica y otros más por herencia. La razón del trabajo es única y propia. Y por esas mismas razones, cada persona goza o padece su trabajo. Hay quienes dicen que harían un trabajo que no les guste si la paga es buena; otros hacen su trabajo con empeño y alegría sin recibir un pago monetario; sólo la satisfacción o el agradecimiento de los demás.
La realización del trabajo que se tiene depende de nosotros pero también la forma en que se realiza y el efecto que tiene en nosotros mismos. Si se tiene la satisfacción de que nuestro trabajo está bien hecho, más allá de si el día estuvo lleno de problemas o fue un día con resultados buenos (porque no todo es felicidad y satisfacción) entonces la actividad realizada tiene un sentido más profundo que el de ser solamente un empleo.
“Desde este punto de vista se sugiere que el trabajo se constituye en un valor que no es solo instrumental, es decir, que no solo se tiene para suplir de forma económica necesidades básicas y otros gastos, sino también como un aspecto expresivo (identidad) y final (metas); en pocas palabras, va más allá del hecho de ganarse la vida (Buendía, 1990; Crespo, Bergère, Torregrosa y Álvaro, 1998).” (Citado en Romero, 2017)
El trabajo nos da identidad. Nadie hace el trabajo de la misma forma que yo lo hago. El resultado es nuestra firma y la razón por la que nos han contratado o porque la actividad que realizamos es buena, quizá única o, al menos, le satisface a un grupo de personas. El resultado del trabajo va marcado con lo que yo soy como persona. El trabajo puede compararse como un arte y ese arte debe ser aprendido; no es un proceso que se dé por arte de magia. En este punto cito a Fromm sobre aquello que menciona en su libro El arte de amar: “El proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica”. El dominio de la práctica puede lograrse con la misma práctica; el de teoría puede estudiarse o aprenderse durante el trayecto pero no es necesario saber todo sobre nuestro trabajo. Hoy en día, esa labor sería impensable con la cantidad de información que existe sobre muchos temas. Quizá en algunos casos sí podría darse el dominio total de la teoría pero, creo yo, en casos muy específicos.
“La mayoría de nosotros apreciamos obras de arte como la poesía, la pintura y la música, y las sociedades culturales reservan parte de sus mejores elogios para los grandes artistas. En el acto de creación, poetas, pintores y compositores están completamente absortos en la labor de dar a luz a su arte, no en los frutos que obtendrán. Si haces bien tu trabajo, los frutos madurarán solos. Si fantaseas sobre probar los frutos en lugar de hacer bien tu trabajo, no madurarán en absoluto. Usted también tiene el poder de hacer su trabajo una obra de arte. Intente ser como un gran artista en todo lo que haga.” (Marinoff, 2004)
Así como en el amor, -y cito nuevamente a Fromm- “nada en el mundo debe ser más importante que el arte” Y no me refiero a que todo debe estar a nuestro trabajo. Es obvio que hay cosas más importantes como la familia; sin embargo debemos cuidar de nuestro trabajo y dejar de enfocarnos en cosas vanas, vistas como el resultado de nuestro trabajo: “éxito, prestigio, dinero, poder; dedicamos casi toda nuestra energía a descubrir la forma de alcanzar esos objetivos y muy poca a aprender el arte del amor.” El resultado de nuestro trabajo va más allá del éxito, visto como el concepto de triunfo sobre los demás, de la excelencia y obtención de dinero, poder y prestigio. El éxito debería ser un concepto personal más apegado a nuestra propia satisfacción. Con esto tampoco quiero caer en lo contrario: el tener riquezas y poder disfrutar de ciertos lujos que se obtienen con el intercambio del dinero, también es satisfactorio pero no la obtención de riquezas por el simple hecho de tenerlas y acumularlas.
El trabajo que cada uno realiza, independientemente de cómo fue obtenido, debe ser algo que nos haga sentir bien; sin caer en la satisfacción y felicidad diaria. Es decir, nuestro trabajo nos tiene que hacer sentir orgullosos, nos tiene que hacer sentir dignos y únicos pero no por ello se tiene que tener una relación de amor todos los días con él. El trabajo es como la vida misma: un día es buena, otro mala, al siguiente nos va excelente y al final de la semana no queremos saber más. Sin esos altibajos, tanto nuestro trabajo como nuestra vida serían totalmente aburridos. Exceso o falta de trabajo por largos periodos puede ocasionarnos problemas como estrés o ansiedad. “Buendía (1990) asegura que los individuos que no tienen un empleo manifiestan diversas afectaciones a nivel psicológico. Incluso si tienen asegurados los ingresos económicos, el malestar se llega a presentar por el hecho de la experiencia de no trabajar.” (Romero, 2017) Pero ese tema será profundizado en la siguiente entrega.
Continuando con mi comentario en tu publicación anterior, al final el trabajo sí debe buscarse que sea digno y te haga feliz. Difícil no? Y más con esta actualidad tan necesitada. Privilegiados los que hacen lo que aman y además obtienen el ingreso justo.
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