El trabajo: satisfacción, terapia y reivindicación humana (Tercera parte)

El trabajo en tiempos de pandemia (y cómo nos puede ayudar a enfrentar el encierro)

En estos tiempos, el trabajo, en la mayor parte del mundo, es una actividad que nos ayuda a satisfacer nuestras necesidades. Existen personas que trabajan por un sueldo; otras que trabajan por su propia empresa; otras más que ofrecen servicios e, incluso, otras personas que trabajan y obtienen los productos necesarios de la propia tierra y los consumen ellos mismo. Existen una gran variedad de trabajos por los cuales las personas obtienen beneficios económicos y de otro tipo. Se podría decir que cada persona que existe en este mundo cumple con la realización de un trabajo: los empleados, los dueños de empresas, los estudiantes, los campesinos y hasta los niños.

Como nos podemos dar cuenta, el trabajo es una constante, una particularidad del ser humano y muestra la complejidad lograda a través de la evolución. Desde sus inicios, la humanidad hacía cierto tipo de trabajo que tenía como fin sobrevivir: buscaba alimento, cazaba animales, creaba herramientas. Todo con el fin de poder alimentarse y tener algún tipo de abrigo. Con el paso del tiempo, la forma en que realizaba cada una de esas actividades, fue perfeccionando sus técnicas y descubrió nuevas formas de obtener alimento, como la agricultura y la domesticación de ciertos animales. Después vinieron los artesanos y algunas profesiones conforme las sociedades se hicieron más organizadas. En la historia de la humanidad, el trabajo ha sido una parte de la evolución.

En estos tiempos; en una sociedad que necesita dinero para adquirir productos de consumo básico, servicios, propiedades y objetos que no son de primera necesidad y, hasta objetos que satisfacen nuestra necesidad de estatus social; el trabajo, como empleo, es necesario. La perspectiva que le damos al trabajo es personal; sin embargo, al normalizar las jornadas laborales de lunes a viernes (no en todos los casos) y el trabajo demandante, hasta el punto de llevarnos trabajo (o hacernos llevar más trabajo) a casa fuera del horario o en nuestros días de descanso; el trabajar se ha vuelto estresante y por ello buscamos una salida de esa demanda. Tan sólo basta con observar las redes sociales las publicaciones de “al fin es viernes” y los bares un viernes alrededor de las seis de la tarde, para darnos cuenta que mucha gente busca una forma de olvidar todo el trabajo que realizó durante la semana. De alguna manera; en condiciones normales, por así decirlo; el trabajo se ha convertido en una forma de estrés.

Las diferentes actividades que realizamos para obtener algún beneficio (empleo, estudio, actividades de la casa, entre otras) llegan a cansarnos en algún punto después de realizarlas por cierto tiempo. Queremos descansar de ellas pero, de alguna manera, ellas nos mantienen ocupados. Muchos quisiéramos olvidarnos de ellas por algún tiempo. Es un deseo profundo muchas de las veces pero ¿qué pasaría si hubiera alguna situación que nos obligara a dejar de hacer nuestro trabajo y mantenernos en casa? Pudiera ser un sueño: despertar hasta tarde, desayunar en pijama, ver películas… Esa realidad está ahora pero no es como la teníamos en mente. Una ola de contagios de un virus nuevo dio la vuelta al mundo, y ahora estamos obligados a estar en casa. Muchos de los empleados trabajan desde la comodidad de su casa; otros tienen que salir a trabajar pero con ciertas medidas de seguridad y algunos más salen a comercializar sus productos en la calle que ahora tiene menos movilidad de personas y, por lo tanto, las ventas se reducen. El sueño se volvió una pesadilla.

Algunas días de descanso o de trabajo desde casa están bien; con un virus que puede ser letal, las cosas cambian. Las formas de diversión y esparcimiento están prohibidas por lo que el encierro, después de varias semanas, causa estragos. Hoy todos anhelamos poder regresar a la rutina que en otro momento ya nos pesaba. Los alumnos quieren regresar a las escuelas con sus amigos. Los que terminaron un grado escolar ya no tuvieron la oportunidad de tener ese último día de clases. Nuestra realidad cambió. ¿Qué puede ayudar a sobrellevar esta cuarentena? La respuesta podría estar en el trabajo, en actividades que nos mantengan ocupados y podamos distraernos de la realidad. Mucha gente ha buscado desarrollar nuevos talentos, aprender cosas nuevas, hacer actividades que regularmente no hacía, emprender ese negocio que tenía años de dar vueltas en nuestra mente… Ejemplos hay muchos, incluso, el solo hecho de realizar las labores del hogar y mantener nuestra casa ordenada y limpia nos da tranquilidad.

Seamos realistas, por mucho dinero que podamos tener y así poder evitar el trabajo por necesidad ¿nos dedicaríamos de tiempo completo sólo a una rutina de despertar, alimentarnos, descansar y volver a la cama? Lo dudo mucho. Podríamos durar algunos días de esa manera pero después de cierto tiempo, nuestras vidas perderían sentido. Ejemplos hay varios y muy claros: cuando los hijos dejan el hogar para hacer su propia vida, los padres sufren el “nido vacío”. Cuando una trabajador se jubila y ahora ya no tiene que trabajar, regularmente busca alguna otra actividad que realizar o puede sufrir alguna crisis por la falta de trabajo. Trabajar nos dignifica, nos hace sentirnos útiles, nos da satisfacción, nos mantiene ocupados y evita que podamos caer en algún tipo de crisis. Hasta el trabajo más simple puede lograrlo, aun en estos tiempos de cuarentena.

El budismo Zen ofrece otra perspectiva sobre hacer el trabajo básico. El Zen enseña que el trabajo rutinario es un valor en y por sí mismo. Humillarse a sí mismo es una vía hacía la mejora personal en la tradición budista. Cualquier tarea que haga con sumo cuidado puede ser una poderosa forma de meditación. Por este motivo los retiros Zen incluyen el trabajo y la meditación. Ningún trabajo es servil. Lo que hacemos no es lo que somos.” (Marinoff, 2004)

El trabajo nos da beneficios de diferentes tipos. El problema es que ahora pensamos que trabajar más y de más nos vuelve mejores. Competimos y dejamos de lado otros aspectos de nuestra vida hasta despersonalizarnos. El trabajo debe tener un balance entre la competición y la satisfacción personal. No por mucho trabajar o por tratar siempre de ser el mejor lograremos nuestras metas. Hemos llegado a idealizar la autoesclavitud para lograr ser el mejor; pero siempre hay alguien mejor. Debemos ser conscientes de ello y poder balancear las prioridades de nuestra vida y así poder estar en un punto en el que logremos mantenernos sanos y satisfechos.

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