¿A favor o en contra del aborto? Mejor tratemos de ser empáticos



Imagen de congerdesign en Pixabay
En mi entrega anterior escribí sobre el respeto, el respeto hacía la otra persona más allá de sus creencias y por el simple hecho de ser seres humanos en un mundo con millones de semejantes. Decidí tocar el tema porque, según mi perspectiva, en estos tiempos nos hemos dividido y peleado por nuestras creencias y posturas sobre ciertos temas. Animalistas contra taurinos, veganos contra consumidores de carne, religiosos contra personas que no creen en la religión, ateos contra religiosos, generación contra generación… Nos hemos dividido por una simple creencia y nos hemos vuelto “poseedores de la verdad” y hemos violentado y agredido la libertad del otro por no pensar como yo. 

Según mi escala de valores, el respeto tiene el primer lugar y, para mí, la empatía es el nutriente principal de ese valor. Sin buscar tanto y con unos cuentos golpes de teclas, Wikipedia define la empatía como “la capacidad de percibir, compartir o inferir en los sentimientos, pensamientos y emociones de los demás, basada en el reconocimiento del otro como similar, es decir, como un individuo similar con mente propia.” y, según mi percepción, para hacerlo más fácil en un dicho que todos conocemos, la empatía es “ponerse en los zapatos del otro”

Hoy hablo de la empatía porque la semana que terminó me dio mucho para pensar. ¿La situación? La Suprema Corte rechazó el proyecto de despenalización del aborto en Veracruz. Este hecho generó un gran revuelo por ser un proyecto que ha dividido a las personas por su postura ante el tema. De acuerdo a sus creencias, algunas personas están a favor y otras en contra. Tal situación, provocó que cada vez que revisaba mis redes sociales, apareciera una imagen, un comentario, una foto, una publicación o una noticia acerca del asunto. Lo que llamó más mi atención fueron las discusiones que se generaron en diferentes páginas y muros de mis contactos; incluso yo escribí algunos comentarios sobre mi postura. 

Lo que me hizo pensar tanto, fue esa división tan marcada que tienen muchas personas. Algunas opinaban basándose en sus creencias religiosas; otras aportaban datos estadísticos; otros más desde su postura progresista, por llamarla de algún modo. En fin, cada una aportaba información que reforzara sus comentarios. Poco después de que se anunció que la Suprema Corte rechazó el proyecto, comencé a ver algo bastante denigrante, según mi perspectiva: el uso de fotos con niños en situación de calle y/o pobreza extrema como una forma de defender una de las dos posturas que se discutían. Todo esto me llevo a pensar en una pregunta: ¿y la empatía?

Sin inmiscuirme en una discusión sobre posturas, considero importante pensar en la realidad de nuestro país: México es un país enorme con diferentes culturas y muchas realidades. Existen muchos contrastes en nuestro territorio que creo importante pensar antes de emitir una postura sobre el tema del aborto, o mejor dicho, sobre la despenalización del aborto. Es obvio que no haré un gran análisis en estas líneas; pero sí una reflexión de lo que leí, pensé y viví durante estos últimos días.

Más allá del tema del aborto, pensemos en, como las imágenes que vi en las redes sociales, los miles o millones de niños y sus familias que viven en pobreza extrema, niños que viven en las calles y niños que están en casas hogar, esperando ser adoptados. ¿Por qué pensar en ellos? Porque son una realidad y una cruda verdad que deberíamos resolver. Algo más crudo aún: niñas embarazadas; es decir, niñas criando niños y niñas. Quizá les llegue el pensamiento sobre cómo resolver ese problema. Quizá piensen en algo lógico (para nosotros): si la niña fue violada u obligada a casarse pues que busque ayuda legal. Sé que esto no es normal para nosotros y haríamos aquello que pensamos para solucionar el problema; pero pensemos también que, en aquellos lugares, esa es su realidad y su día a día, es algo normal; y algo normal es algo no malo. Sí, es una realidad en pleno siglo XXI. Aquí les dejo un link sobre el tema: https://www.infobae.com/america/mexico/2019/06/29/opinion-matrimonio-infantil-en-mexico/

Otro caso que pensé y que me hizo recordar un gran libro de la literatura mexicana fue el de aquellos lugares en que un hombre tiene un gran número de hijos con diferentes mujeres; en muchos casos, el hombre es dueño de medio pueblo o más. Podría parecer un relato de muchos años atrás pero ¿apoco no conocen ustedes a un Pedro Páramo? Yo sí, y hasta ha sido el padre de algunos amigos. ¿Por qué pienso en Pedro Páramo? Porque refleja una realidad, porque siguen existiendo hombres que tienen hijos con muchas mujeres y no se hacen responsables de ellos y, aunque algunos sí ven por sus hijos, sigue prevaleciendo ese tipo de pensamiento machista. 

Otra realidad más: las mujeres con hijos y sin esposo. En nuestra realidad les llaman madres solteras. De una manera despectiva, les han llamado mamás luchonas. Me pregunto ¿acaso debe haber una condición civil específica para ser madre? No lo creo; sin embargo así han sido nombradas. Es una realidad en la que una mujer decidió tener y criar un hijo sin una figura paterna. Muchas veces, esa situación las ha llevado a un esfuerzo mayor para la manutención de su hijo y hasta ha sido la condición para trabajar y lograr mejores condiciones de vida. En otros casos, las creencias juegan un papel importante para decidir tener al bebé aunque implique cambiar ciertos hábitos, condiciones y beneficios. Sea una u otra condición ¿hay alguna que sea la correcta?

Así como las anteriores, hay muchas realidades más. Existen miles y miles de casos que se dan de una u otra manera por las condiciones de los contextos y por la historia familiar y personal de cada una de aquellas personas. Por esa razón, creo firmemente que deberíamos llevar la bandera de la empatía, comprender al otro, entender su realidad y respetar. Sé que muchas veces queremos convencer a la persona para que cambie esa creencia pero pensemos en alguna de nuestras creencias y veamos qué tan fácil es poder cambiarla. Es un reto enorme; quizá algunas sean fáciles pero, las que condicionan nuestros comportamientos, son un gran desafío.

Todo esto viene al caso por lo que escribí al inicio: las discusiones sobre las dos grandes posturas sobre el tema del aborto y su despenalización. Sí, sé que por ser el siglo XXI ya deberíamos tener un pensamiento más progresista; pero seamos sinceros, no somos máquinas, no somos computadoras para irnos actualizando; somos personas que creen en algo (y qué bueno) de acuerdo a su contexto y a la forma en que lo adquirimos. Quizás alguno tenga una herencia católica pero es ateo por la forma en que vivió ese catolicismo y por el pensamiento propio y libre albedrío. Quizás alguno de ustedes fue educado de manera liberal pero, de acuerdo a su experiencia de vida, ha decidido creer en algo que no va con la forma en que fue criado. Somos personas y somos un país hermoso y magnífico con un sinfín de contextos y realidades. No vamos a hacer que crean los mismo que yo todos esos millones de mexicanos porque, sinceramente, sería una desgracia.

Ante esta(s) realidad(es), lo mejor que podemos hacer como seres humanos, como personas con tantos siglos de evolución, es ser empáticos. Deberíamos ser dignos portadores de nuestra maravillosa evolución y ponernos en los zapatos del otro, comprenderle; no tratar de hacerlo igual que yo, ni hacer que piense como yo; más bien entender su realidad por más arcaica que nos parezca (aunque recordemos que es nuestra percepción) porque ¿qué nos hace pensar que nuestro pensamiento del siglo XXI es el mejor? Puede sonar duro y crudo pero es la verdad. Quizá queremos un mundo ideal pero comprendamos que es una utopía. Una utopia que puede guiarnos a ir mejorando como sociedad pero que nunca será alcanzada. Porque, a final de cuentas ¿qué sería de nosotros como humanos al vivir en un mundo de total felicidad y libre de sufrimiento?

No soy pesimista (aunque lo parezca); más bien creo que para crear mejores condiciones de vida, debemos considerar que vivimos en un mundo que se rige por gobiernos y que, a través de ellos, podemos apoyar leyes que tomen en cuenta la pluralidad de nuestro país; pero ante todo, practiquemos la empatía. Por favor. 

Por cierto, mi postura ante el tema es: en contra del aborto pero a favor de la despenalización. Mi razón: no puedo imaginar a una mujer que, después de pasar por situaciones duras para tomar la decisión de abortar, sea juzgada como criminal. 

Comentarios